Els nens salvatges/Los niños salvajes (Patricia Ferreira, 2012)

Patricia Ferreira es una cineasta eficaz, solvente y honesta. ‘Els nens salvatges’ es su última película tras dos trillers políticos, una historia de sentimientos y memoria, y varios documentales.
Con un argumento y guión basado en un espeluznante caso real recupera la épica fílmica de los personajes adolescentes que el cine español de los 90 había aniquilado. La película no quiere ni pretende dar respuestas. Únicamente mostrar una realidad que a pesar de su dureza, y de la incredulidad de un suceso final que deviene en excusa para diseccionar las relaciones entre adolescentes y su entorno, sucedió. La cineasta es tajante “si ha sucedido es posible”.

La adolescencia cinematográfica es la excusa perfecta para diseccionar los espacios familiares y el mundo de los adultos. Unos adultos que mienten, engañan y fallan a sus hijos e hijas. Unas familias marcadas a fuego por la clase social y por los roles de género. Tremendas madres: desde la madre probiótica que sólo quiere descansar y que su hija no tenga celulitis, la madre sufrida que se ahoga en la inseguridad de sus lágrimas por no enfrentarse a un marido autoritario e infiel, y la madre de piedra curtida en el trabajo y la necesidad. Unos adultos responsables de la educación de los protagonistas, que en la (soberbia) secuencia del claustro dejan latentes sus diferencias (irreconciliables).

‘Els nens salvatges’ se permite jugar con las y los espectadores, con unas expectativas que subvierte dando un claro toque de atención que huye de cualquier maniqueísmo. Así nos hace reflexionar sobre esas violencias interiores que por soterradas y ocultas son las más peligrosas. Ferreira se posiciona de forma clara en el bando de esos adolescentes que pasan sus días entre el instituto, sus hogares y los parques. Gaby (Albert Baró), Alex Àlex Monner) y Oky (Marina Comas) (actores profesionales) sobreviven en una sociedad repleta de adultos que olvidaron que alguna vez tuvieron 15 años parece condenarles de antemano al fracaso. Alguien tenía que hacerlo.

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