Entrevista a Patricia Ferreira

Patricia Ferreira, solidez, rigor y versatilidad cinematográfica
por María Castejón Leorza.

La entrevista forma parte del libro ‘25 años de cine’ de la Muestra de Cine y Mujeres de Pamplona

¿Qué piensa de este tipo de Muestras? ¿Cree que después de décadas de lucha feminista todavía son necesarios estos espacios de reconocimiento y reivindicación?

Son necesarios porque la lucha avanza, pero no avanza tan deprisa como quisiéramos. Ojalá llegue el día en que no lo sean.

Pertenece como otras cineastas a una generación que han comenzado a trabajar en la década de los 90, y que ha sido sometida a una cierta presión por el hecho de ser mujeres. ¿Cómo ha vivido todo esto?

Es algo sobre lo que tengo conciencia desde el principio. Pero no desde el principio de mi carrera cinematográfica, sino desde los inicios de mi carrera profesional. Entré a trabajar en Televisión Española muy pequeñita y ya sabía que era un bicho raro y que se me aguantaba porque era rara, porque había pocas. Éramos como graciosas; las primeras chicas por los pasillos de televisión española queriendo ser ayudantes, queriendo ser realizadoras. Lo veía desde fuera, y me daba cuenta de que era un bicho raro.
De alguna manera estabas preparada para ver el mundo así y para afrontar el mundo así. Cuando comencé a dirigir largometrajes ya sabía que me metía en un mundo en el que se iba más allá de lo profesional. He vivido esa presión porque la ha habido. Por un lado, tener que estar siempre dando la talla para que no se dijera que éramos unas intrusas. Por otro, la presión de ser cuestionada, además de la presión de entrevistas e intervenciones que te excluían del ámbito profesional para meterte en el ámbito de la reivindicación exclusivamente. No lo he vivido con angustia. Digamos que estaba preparada para ello.

¿Qué opina del denominado cine de mujeres?

¿Qué es eso?

Recientemente ha realizado unas declaraciones en las que considera que la ausencia de mujeres en el Festival de Cannes (2012) es equiparable a la ausencia de películas latinoamericanas. Surgen dos preguntas: ¿Por qué no hay mujeres en los grandes Festivales? ¿Es necesario discriminar positivamente a las mujeres?

No hay directoras en los grandes Festivales porque no hay directoras en el cine. El hecho de que el Festival de Cannes no tenga en su Sección Oficial una directora, de que en su 60 aniversario en aquella famosa foto en la que aparecían todos los grandes ganadores sólo hubiera una mujer, Jane Campion no es sino un reflejo de cómo es, de cómo está el mundo del cine. La profesión de director de cine es una profesión que otorga cierto poder, otorga influencia. Es la cima de la profesión, y esas cimas siguen ocupadas, aquí, en Francia y en el resto del mundo por hombres.

Ahora, más allá de esto, creo que un Festival como el de Cannes como cualquier otro, tendría que tener la suficiente responsabilidad social como para intentar, igual que intenta encontrar la película del cine de Azerbaiyán, buscar películas de directoras. Me sorprende que en ese trabajo tan profesional y tan serio que hacen de ir a todos los rincones del mundo, de buscar las últimas joyas, lo que marca tendencia, no hayan encontrado una película de directora que poder llevar a la Sección Oficial.

Evidentemente no se pueden tener las películas de las directoras al mismo nivel que las de los directores porque no hay en el mercado, pero caray, tampoco hacen ningún esfuerzo para buscarlas.

Es una cineasta que accedió a la industria con una opera prima, ‘Sé quién eres’ (2000), que combina el triller político, la acción y el suspense. Su segunda película, ‘El alquimista impaciente’ (2002) es un triller policiaco autóctono. Rompe con la tendencia, apuntada por Juana Macías de realizar óperas primas centradas en los universos femeninos. Tampoco lo hace en sus siguientes films ¿Es algo premeditado?

Son varias cosas. Esto es un lugar común, pero todos y todas los cineastas te dirán que los temas no los eliges tú, sino que te eligen. Un día estás paseando por un bosque y de repente dices ¡anda! quiero contar esta historia. Más o menos es así. Las historias te encuentran. Te empiezas a obsesionar por ellas, empiezas a meterte en ellas y a trabajar por ellas.
La historia de ‘Sé quién eres’ me encontró a mí. Pero por otro lado, también es verdad que cuando yo hice mi primer largometraje, no era una principianta, no era una chica joven. Llevaba mucha carrera y mucho trabajo en televisión, muchos documentales y tv movies. Estaba en un momento en el que necesitaba para empezar en el oficio de directora de largometrajes una buena idea y un buen guión. No me podía arriesgar, como te puedes arriesgar cuando eres más joven. Cuando tienes menos carrera, te puedes aventurar a hacer, esa película tuya, íntima, en la que cuentas lo que quieres contar por encima de todo, en la que quieres depositar todo lo que te preocupa. No era una forma para mí de entrar en la profesión. Quería hacer una película muy solvente y el guión de ‘Sé quien eres’ que era un guión de Inés París y Daniela Fejerman lo era. Además me podía dar una buena entrada en el cine.

En ‘Para que no me olvides’ (2005) busca la conexión de los espectadores a través del sentimiento y la memoria histórica. Construye un historia poderosa que no deja indiferente. ¿Era el momento de hacer una película más personal?

Sin duda. Con ‘Para que no me olvides’ después de dos películas policíacas o de triller, de triller político, pensé que era el momento de tener más libertad para hacer una película más personal. No tenía que demostrar que sabía hacer cine y podía dedicarme a hacer una película que me interesara personalmente.

En el año 2010 dirige ‘Señora de’, un documental de encargo. ¿Cómo surge el proyecto?

Es la iniciativa de la productora gallega O raio verde y concretamente de Carmen Rabade. A ella le había encontrado la idea. Quería hacer un documental en el que consiguiéramos hacer hablar y contáramos la historia de mujeres de 75-80 años que hubieran vivido su juventud en plena posguerra. El objetivo era ver por qué siempre estaban calladas y qué habían callado. No sabíamos qué pensaban porque siempre parecían estar cortadas por el mismo patrón. Queríamos averiguar si este ocultamiento de la verdad era una estrategia para la supervivencia.
Carmen me llamó para dirigirla. No me fue un proyecto ajeno. Alguna vez había pensado en ello.

¿Cómo consiguieron que mujeres que llevaban casi toda la vida calladas hablaran?

Fue un trabajo de campo largísimo. Se trabajó con 300 mujeres. Se buscaban mujeres que crearan un mosaico. Queríamos mostrar mujeres del campo, de la ciudad, con estudios, sin estudios…En definitiva una radiografía de la Galicia de entonces. Era necesario que tuvieran ganas de hacerlo, que fueran un poco valientes o muy valientes. Que fueran comunicativas, que supieran transmitir. De las 300 iniciales, fuimos seleccionando hasta que se quedaron las personas que protagonizan el documental.

Su última película ‘Els nens salvatges / Los niños salvajes’ (2012) viene avalada por diversos premios en el Festival de Cine Español de Málaga, entre ellos las Biznaga de Plata. ¿Qué pretendía transmitir con esta historia protagonizada por adolescentes?

La clave de la película surge de un hecho real, que me impactó mucho y que ni yo ni la mayor parte del mundo entendíamos. ¿Cómo es posibles que alguien, un chaval, un adolescente normal, de una familia normal, estructurada, sin problemas de delincuencia ni de nada, llegue a hacer algo terrible? El motor de la historia es ese. ¿Cuál es el caldo de cultivo en que un adolescente se puede convertir en un salvaje? De ahí el título. El título es irónico porque se refiere a cómo llamamos nosotros a los chicos y chicas. No es que ellos sean salvajes.

Pertenece a CIMA (Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales). En las entrevistas anteriores se ha dado buena cuenta de sus objetivos y de su filosofía. ¿Cómo afronta una asociación de mujeres cineastas el futuro?

CIMA nació y creció en paralelo a la Ley de Igualdad. No sé si en otras circunstancias históricas lo hubiéramos podido hacer. ¿Qué va a pasar ahora cuando eso ya es un poco papel mojado, cuando además no hay medios económicos, y cuando además los pocos que hay no nos van a tocar a nosotras precisamente?

La asociación está en marcha. Somos 300 mujeres, con mucha fuerza, con una junta directiva que se va a renovar ahora y va a dar paso a la siguiente generación. Además sabemos hacer las cosas baratas. Afrontamos el futuro de CIMA con el mismo entusiasmo y la misma serenidad. Esto no tiene marcha atrás. Hay muchas cosas hechas, CIMA es un nombre que importa en muchos sitios. Haremos proyectos que se ajusten a la realidad del momento. Haremos proyectos por Internet. Seguiremos dando la vara para que en la legislación se incorporen medidas de discriminación positivas porque debe haberlas. Si tenemos que dar la lata para que en los Festivales busquen las películas dirigidas por mujeres como las de Azerbaiyán, lo haremos.

¿En qué nuevos proyectos está trabajando?

He hecho una obrita de teatro: ‘Angustias culturales del telemarketing’. Es lo primero de teatro que hago, y me ha encantado. Va a estrenarse en el Microteatro de Madrid (Teatro por dinero). Y aparte en cine tengo un guión en marcha que se llama ‘Salsa de arándanos’.

Suena a comedia.

Absolutamente. Comedia total.

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