Terrorismo de género (II) y libertad de expresión

Que leo en Diario Público que dice el presidente del Tribunal Supremo que las palabras de José Manuel Castelao Bragaño de que las mujeres son como las leyes, están para violarlas son una barbaridad pero no son constitutivas de delito. Cosas de la libertad de expresión. Lo que es un delito flagrante de apología de la violencia, lo que sin duda es lo que ayer definía como terrorismo de género se queda en casi un chascarillo.

Y es que la libertad de expresión, esa que permite a la Cospe y a la Sáenz de Santamaría desempolvar las peinetas y las perlas, esas que les gustan más que a mí un brazalete de cuero, y lanzarse a colaborar con una Iglesia retrógrada, xenófoga, machista y elitista que justifica lo injustificable y coloca a las mujeres en una clara situación de sumisión, es lo que tiene. Hay que joderse, siempre igual y encima seguro que con dinero público.

Leo en la cabecera de otro diario que el gobierno de España dice que el soberanismo y las protestas dañan la imagen de la marca España. Más allá de que me importen un bledo las aspiraciones independentistas capitaneadas por un señor con pinta de favorecer a la oligarquía de siempre, y que no paga el cuidado de sus dependientes y su profesorado y de que considere que las protestas son una respuesta legítima contra un gobierno que gobierna para su casta e incumple todas las promesas electorales, me parece insultante tolerar esas afirmaciones. La marca España (¿a qué carajo se refieren con eso?) se daña por permitir que un señor machorro que quiere a las mujeres por ser hijo y marido sea capaz de decir esas barbaridades porque sabe que en el fondo más allá de su dimisión no le va a pasar nada. No va a tener la desaprobación social ni consecuencias penales. La marca España se daña por la reciente afición de las mujeres del PP de sacar las peinetas y los rosarios que recuerdan a tiempos pasados muy, muy, oscuros. Demasiado…

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