Mi Tesis Doctoral (o pude con ella, o por fin lo conseguí)

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Nada me ha costado tanto en la vida como terminar mi Tesis Doctoral. Ni la precoz maternidad, ni el carné de conducir, ni ninguno de los decabellados proyectos en los que tengo tendencia a imbuirme. Más de diez años, con las interrupciones lógicas para trabajar para comer, o trabajar para crecer. Y de forma especial los últimos 20 meses, en los que he estado dedicada en cuerpo y alma a mi magna obra, con otras interrupciones como montar una serie de cursos para seguir en la brecha y seguir manteniéndome a duras penas.

Escribir una Tesis es un proceso duro, exigente y cruelmente solitario. Un proceso brutal como pocos que exige dedicación, constancia y mucho, muchísimo trabajo. Me maravilla la disciplina y militancia con la que he abordado todo el proceso, yo, que soy una persona bastante caótica e insumisa. Ahora la puta de ella, ahora que deja de ser exclusivamente mía, se erige orgullosa y la siento como una criatura parida desde mis entrañas que espero no sea ingrata.

Antes de que se me olvide, me gustaría recordar todas las agustias, todas las dudas, todos los momentos oscuros en los que me he sentido sola en el más árido de los desiertos sin agua y sin cantimplora, con una ansiedad e incertidumbre que me devoraban. Como diría el Rosendo, han sido infinitas las noches a pie del cañón, la fuerza de voluntad que me han mantenido cuerda a pesar de los pesares, a pesar de haberme enrolado en esta aventura sin ningún apoyo econónimo. He sufrido pero también he aprendido, disfrutado y gozado como nunca.

Y no sólo he resistido a base de Rock & Roll y nikotina. A pesar de la responsabilidad, la soledad ha sido compartida por un buen número de personas. Ahí han estado mis directores, mi familia, mis colegas, mis amigxs y mis alumnas. Vosotrxs sabéis quiénes sois y os prometo cuando todo esto pase, un agradecimiento como os merecéis, ya que sin vuestro apoyo, confianza y amor no lo hubiera conseguido. Os quiero!

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