Muerte a la Transición

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La Transición española comprende el período histórico que va desde el fin de la dictadura hasta la instauración de la democracia. A pesar del debate que existe sobre su periodización, como historiadora, asumo las coordenadas 1975-1982, muerte del dictador Francisco Franco y triunfo electoral socialista para definir al breve y violento período que definen los años en los que España dejó de ser un país dictatorial y pasó a ser un país aparentemente democrático.

Se presenta la Transición como un modelo político y social de convivencia en la que España pasó como por arte de magia de ser un país totalitario a ser un país moderno y europeo. Pero la Transición fue un proceso, duro, difícil, sangriento, violento, marcado por el poder que todavía tenía la extrema derecha, que mostró su peor cara en el fallido golpe de Estado del 23 F. La Transición supuso edificar un país sobre el olvido y la ausencia de perdón y una infinidad de muertos condenados a fosas, aún por reivindicar y descubrir. Implicó olvidar y dejar de exigir responsabilidades a estructuras como la Iglesia o la Monarquía, claras herederas del franquismo que asesinaron a un buen número de población y condenaron a la miseria (económica, moral, cultural…) a la gran mayoría dl país. En definitiva, olvidó que el franquismo no fue un accidente ni una época de paz social, sino un régimen dictatorial que surgió de una sublevación militar contra un gobierno legítimo elegido por las urnas, como lo fue el gobierno de la República. La Transición no fue ni tan modélica ni tan pacífica. Crecí entre silencios intuyendo que muy cerca de mi casa, en Montejurra, había pasado algo horrendo de lo que nadie tenía muchas ganas de hablar.

Para desmontar la mitología pacífica y ejemplar de la Transición recomiendo de nuevo el documental “Despúes de…” de Cecilia y José Juan Bartolomé (1981), rodado a pie de calle, testimonio excepcional e indispensable para contextualizar y analizar desde una perspectiva crítica aquellos años.

La Transición fue además, un proceso protagonizado por hombres, que asumieron como un mal menor la necesidad de terminar con el terrorismo de género, pero que nunca consideraron las reivindicaciones feministas como una prioridad. Únicamente se dejaron llevar por una inercia histórica que necesariamente debía otorgar a las mujeres los derechos humanos más básicos como poder votar, poder trabajar, poder heredar….en definitiva asumir a las mujeres como cuidadanas.

Hoy nos hemos enterado que Adolfo Suárez, pesidente entre 1976 y 1981 se está muriendo. En un insólito ejercicio de muerte televisada, su hijo nos ha comunicado que en breve dejará de respirar. Me faltan muchos datos para poder analizar en profundidad su figura. La intuición me dice que fue un hombre necesario, del que desconozco sus sombras, que intuyo son muchas, que hizo lo que pudo en un momento muy complicado, y que fue un hombre muy utilizado. Mi padre decía siempre que la política es lo más ingrato que existe y me da la impresión de que Adolfo Suarez supo mucho de ingratitudes.

Adolfo Suarez morirá en breve, y le deso un sereno final. Y espero que con él muera el espíritu de la Transición, aunque me temo que no va a ser así. La Transición fue mi pasado inmediato, era el pasado con el que me crié. Pero he crecido, y la Transición sigue formando parte de mi presente. España es un país anormal, sólo así se explica como un tiempo pasado sigue siendo presente. Porque los y las protagonistas de la Transición siguen siendo los que ostentan el poder, siguen siendo los que dictan el rumbo de este país en la que es muy difícil vivir y respirar.

Este país debería ser un país moderno y no un país anclado en el pasado, caduco y viejuno. Adolfo Suarez morirá y asistiremos a una orgía heróica sobre su figura que descontextualizará la Historia reciente. Y un país con la historia reciente distorsionada nunca será un país que mire hacia delante y sea capaz de superar esta crisis.

Y volveremos a vivir en esta deriva extraña que siempre nos lleva a un pasado complaciente, que nunca hace autocrítica. Y yo como todos los días me sentiré un poco menos libre…..

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