La violencia de género se convierte en un problema individual

El Gobierno anuncia un plan personalizado para luchar contra la violencia de género. Con él se busca y cito literal, “proteger a las mujeres víctimas y a sus hijos de forma individual”. No aclaran más.
Una de dos, o la gravedad y envergadura del problema les ha hecho tomar conciencia de que de una vez hay que acabar con esta lacra social (este concepto les encanta), o volvemos a considerar la violencia contra las mujeres como un asunto íntimo, personal y doméstico.
La violencia contra las mujeres, la violencia de género no es únicamente la violencia doméstica, no es sólo la hostia. La violencia de género es una violencia estructural sostenida por el patriarcado. Por ese sistema de poder, inmune a cualquier régimen político, que impone la autoridad masculina, que controla la vida de las mujeres y las somete a una situación de desigualdad. Ejemplos hay unos cuantos: desigualdad laboral, brecha salarial, techo de cristal y suelo resbaladizo, desequilibrio en las responsabilidades familiares –las domésticas y las de cuidado-, desigual reparto del tiempo de ocio, sometimiento al ideal imposible de belleza occidental….
Pero volvamos a las palabras del Gobierno. Anunciar un plan individual es decir de nuevo a las mujeres que la violencia que sufren en sus casas es un problema suyo y no es un problema de la sociedad. Significa responsabilizarlas de nuevo de sufrir un infierno. Implica victimizarlas y abandonarlas. Significa tener que volver a reivindicar como ya hicieran las feministas hace casi cuarenta años que lo personal es político. Que los problemas “familiares” de violencia no son personales sino que son problemas de una sociedad injusta, desigual y podrida. Y eso no nos llega a desilusionar, pero nos da mucha pereza…

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