Las constituyentes de Oliva Acosta (2011) y algunas reflexiones sobre la recuperación de la memoria y la actualidad

El documental ‘Las constituyentes’ de Oliva Acosta (España, 2011) recoge el trabajo de las 27 mujeres, diputadas y senadoras, que en el año 1977 participaron en la primera legislatura democrática y tuvieron un papel más que relevante en la redacción de la Constitución Española de 1978. Sin su presencia, el artículo Artículo 14 ”los españoles son iguales ante la Ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social” no hubiera sido tal.

A partir de sus testimonios, variados, ricos y diversos, que se mezclan con otros emitidos desde la actualidad, Acosta construye un relato tan necesario como emotivo. Cabe reflexionar porqué no conocemos ni recordamos los nombres de la mayoría de estas mujeres que fueron auténticas pioneras y que pasaron de ser testigos a ser protagonistas de su propia historia.

Guiadas por los recuerdos de aquellos intensos años reflexionan sobre qué supuso para ellas, para sus vidas y para sus trayectorias su trabajo en la política. Fueron muy pocas las que estuvieron allí y apenas tenían referentes. A muchas de ellas, el feminismo, que vendría después les daba la libertad que andaban buscando. El movimiento feminista de Madrid mandó una carta a las diputadas comunicándoles su apoyo. Legitimidad y creación de redes.

Además de la lucha política, hay una intencionalidad por parte de la directora de retratar las vivencias personales de las constituyentes. El tema de la maternidad es clave. Los testimonios difieren. Una de ellas afirma rotunda que en el momento en el que le propusieron formar parte de las listas aceptó con la condición de que asumieran que “el esfuerzo mío no era el esfuerzo de las demás”. Las hay que hablan con orgullo del apoyo de sus familias y de la satisfacción que les produce contar a sus nietos y nietas su trabajo. Las hay que viven con dolor la pérdida de la infancia de su prole, y las hay que afirman que a pesar del esfuerzo nunca estuvieron dispuestas a renunciar a la crianza de sus hijos e hijas ni a su vida familiar.

Éste es un aspecto clave cuando hablamos de memoria y de crear genealogías. Cuando se presenta a las mujeres pioneras en muchas ocasiones no se tiene en cuenta las renuncias personales o “esos esfuerzos que no son como los demás”. Hay que empezar a hablar de ello, no porque seamos excepcionales heroínas, sino porque seguimos pagando un precio más alto que el resto de la población. Hay que exigir el derecho a no renunciar. La corresponsabilidad no implica que hijos es hijas sean responsabilidad únicamente de los padres. Las mujeres tenemos hijos e hijas para estar con ellas y ellos.

Pero tanto el documental como los testimonios, los del pasado y los de la actualidad, están impregnados de ciertas dosis de ingenuidad. Más allá de la música, otro día escribiré sobre esas músicas que no sé muy bien cómo definir y que suelen acompañar a los documentales cuya temática es de mujeres, hay un tema central que tiene que ver con el poder. Cuando se habla de mujeres en política raras veces de habla de liderazgos y de ambición. Para cambiar el mundo, y más para cambiar la sociedad patriarcal es necesaria la ambición, tanto social como personal. ¿Por qué está tan mal vista, incluso desde las propias mujeres, la ambición?

Se habla también de la escasez de liderazgos femeninos. ¿De verdad? Nos pueden gustar más o nos pueden gustar menos, pero en estos momentos, en este país tenemos un buen número de líderes mujeres y es algo que no se puede obviar. Esperanza Aguirre, Soraya Sáenz de Santamaría, Dolores de Cospedal o Yolanda Barcina son buen ejemplo de ello. Curiosamente son todas mujeres de derechas. Mujeres poderosas, mujeres independientes y muy, muy listas, que no tiene sus equivalentes en los partidos de izquierda ni por asomo. ¿Por qué ocurre esto?

Terminar el documental con ese grito colectivo de “juntas podemos” no deja de ser preocupante. Juntas hemos conseguido muchas cosas, logros impensables. Si echamos la vista atrás vemos como esa revolución que llamamos feminismos ha cambiado la sociedad. Pero sabemos que todavía queda mucho camino por recorrer, que los logros se quedan en nada si las mentalidades y las costumbres no se transforman. Y eso lo podremos hacer juntas pero no solas.

P.D: Otro día hablaré de la intergeneracionalidad

Dedico este post a Natalia San Juan Bornay, amiga, con quien vi el documental, compartí la Muestra de Cine y Mujeres y muchas otras cosas más.

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